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Breve historia de Úbeda

2 Octubre, 2013

Breve Historia de Úbeda
Los primeros asentamientos existentes en la ciudad se remontan a la Prehistoria, cuando durante las culturas de la Edad del Cobre y del Bronce -III y II milenio a.C.- distintas comunidades humanas habitaron en el lugar que hoy ocupa el barrio del Alcázar. En esta zona, fácilmente defendible y próxima a las fértiles vegas del Guadalquivir, se han documentado una serie de cabañas, varios enterramientos y un amplio repertorio de utensilios domésticos -vasijas de cerámica, punzones de hueso, dientes de hoz, azuelas de piedra y elementos metálicos-, que estos pueblos, dedicados fundamentalmente a la agricultura y la ganadería, emplearon en su vida cotidiana.
Si bien existen algunas evidencias arqueológicas de época tardorromana y visigoda, que hacen suponer la existencia de un pequeño núcleo de población dependiente de la colonia Salaria -Úbeda la Vieja-, la ciudad adquiere su verdadera entidad como un importante núcleo de población en época árabe.
Es fundada por Abd al-rahman II (822-852) con el nombre de Madinat Ubbadat Al-Arab (Úbeda de los árabes). Formaba parte del distrito o cora de Jaén. Alfonso VIII la califica, junto a Baeza, de “ciudades que no las había mayores aquende del mar excepto Córdoba y Sevilla”. Aunque quizás algo exagerada, la afirmación sí nos informa de que eran ciudades importantes. Su recinto encerraba más de 35.000 hectáreas. De indudable riqueza agrícola, debió predominar el minifundio hortícola y cerealista. Al-Sacundi nos dice que fue famosa por sus bailarinas.

La ciudad es conquistada definitivamente en 1233 -tras algunos intentos como el de la batalla de las Navas de Tolosa (1212), con Alfonso VIII- por el Rey Fernando III el Santo, que hábilmente aprovechó la anarquía del reino almohade para su anexión, formando así parte de las extensas conquistas que realizó y que dieron un decisivo impulso a la Reconquista: el Reino de Jaén, Córdoba, Sevilla y Cádiz. Un hecho destacable es que la toma de Úbeda se realizó mediante capitulación, posibilitando la coexistencia de distintas etnias que formaban una población de varias culturas (árabe, judía y cristiana).

En época cristiana Úbeda aumentó su alfoz jurisdiccional, llegando su término desde Torres de Alicún, en la provincia de Granada, hasta Santisteban del Puerto, pasando por Albanchez de Úbeda, Huesa y Canena. Y ya a mediados del siglo XVI se había establecido su jurisdicción sobre los términos de Cabra del Santo Cristo, Quesada y Torreperogil, junto con algunas alcaicerías.

Factor decisivo en este período es su importante valor geoestratégico. Durante casi tres siglos fue población fronteriza, primero de avanzada y luego muy cercana a la frontera entre los reinos de Granada y Castilla. Este hecho determina que los sucesivos reyes castellanos le otorguen numerosos privilegios y concesiones, como el fuero de Cuenca, para favorecer la fijación de una población formada por castellanos y leoneses que permanezca, frente a circunstancias de vida adversa, en zona fronteriza. Este cúmulo de factores -su situación geográfica y el consiguiente dominio de las vías de comunicación, su extensa y rica jurisdicción y la presencia de una nobleza cada vez más poderosa- sentó las bases a lo largo de los siglos XIV y XV del esplendor de la Úbeda del siglo XVI.

La ciudad cristiana se organiza de acuerdo con el mencionado fuero de Cuenca, formándose un Concejo de composición popular, que evolucionará hacia el predominio de una nobleza de tipo medio que intentará hacer hereditarios los cargos. Cada parroquia o collación presentaba un número determinado de candidatos y la elección última se celebraba el domingo después de San Miguel -efemérides de la conquista cristiana-, siendo los principales cargos a elegir Alcaide, Juez, Notario y Almotacén (encargado de contrastar oficialmente las pesas y medidas), exigiéndose como condición para ser elegido poseer casa y caballo.

Es característica de este período -los siglos XIV y XV- la inestable situación bélica, con incursiones y ofensivas musulmanas, junto con las luchas motivadas por la rivalidad entre los nobles, enfrentados por intentar dominar directa o indirectamente los cargos del Concejo, lo que dio lugar a la formación de confederaciones entre las diversas ciudades de realengo de la actual provincia para defender su autonomía.

Los conflictos sociales dañan la economía, que está basada fundamentalmente en viñedos y cereales, y en menor escala en la seda y el azafrán. Por la riqueza en pastos alcanzó gran importancia el ganado ovino y se desarrolló el caballar. Los mudéjares eran la base de la agricultura y de la industria artesana existente -la alfarería y el esparto-, aunque no podía ser mucha la población musulmana debido a la proximidad del Reino Nazarí.

Episodios como el de 1368, en el que la ciudad es asolada con motivo de la guerra civil entre Pedro I de Castilla y Enrique II de Trastámara, avivó la rivalidad entre los bandos locales, encabezados por las familias Trapera y Aranda en un primer momento y Cueva y Molina posteriormente, ocasionando disturbios y luchas callejeras que no se resolverán hasta que los Reyes Católicos tomen parte en el asunto interviniendo en el Concejo y mandando destruir el Alcázar, usado por la nobleza como fortaleza.

El siglo XVI será la época de máximo esplendor de toda la historia de Úbeda. Asistimos a un desarrollo económico basado en la agricultura, siendo muy importante la roturación y puesta en valor de nuevas tierras, antes pastizales y campos de pastoreo del Común. Como consecuencia se produce un aumento de la producción agrícola y disminuye la ganadera. La industria artesanal de organización gremial está diversificada, destacando la ceramista y la pañera, en la que destaca como uno de los siete centros productores del país. El desarrollo económico lleva consigo un aumento demográfico, alcanzando la ciudad una población de 18.000 habitantes.

La sociedad aparece fuertemente estamentalizada, dividida en tres clases: fijosdalgos (nobleza), clero y pecheros. Estos últimos constituían la mayor parte de la población, siendo la única clase productora. El poder económico es detentado por una pequeña y mediana aristocracia propietaria de las fincas agropecuarias y urbanas, y que acapara también el poder municipal. La otra clase dominante es el clero, cuya presencia en la ciudad es notoria, y que poseía numerosas propiedades y recibía el impuesto de la tercia -la tercera parte-. Existían once parroquias: Santa María, San Pablo, San Pedro, Santo Domingo, San Lorenzo, Santo Tomás, San Millán, San Nicolás, San Isidoro, San Juan Bautista y San Juan Evangelista, así como gran cantidad de órdenes religiosas distribuidas en los distintos conventos de la ciudad: Trinitarios, Mercedarios, Franciscanos, Dominicas, Mínimos de San Francisco de Paula, Jesuitas, Carmelitas Descalzas, Hospitalarios, Franciscanas Descalzas, Monjes del Orden III de San Francisco, Dominicos y Carmelitas Descalzos.

En este siglo miembros de la nobleza ubetense participan en los más altos puestos de la burocracia tanto civil como eclesiástica, destacando la familia Cobos-Molina, cuyo principal miembro, Francisco de los Cobos, ostentará el cargo de secretario del emperador Carlos V, llegando a conseguir el más alto estatus social con la adquisición de títulos nobiliarios como Adelantado Mayor de León, Caballero de la Orden de Santiago, etc., y una gran fortuna derivada de su actividad administrativa. Otros miembros de su familia, como Juan Vázquez de Molina o Diego de los Cobos, también siguen sus pasos y dejan en la ciudad algunas de las más importantes obras arquitectónicas del siglo XVI, realizadas por grandes artistas de la época como Siloé, Vandelvira, Berruguete…, creando en Úbeda una tradición constructiva que será emulada en siglos posteriores.

A finales de siglo asistimos a un declive, como en todas las ciudades hispanas, debido a las malas cosechas, las epidemias, las guerras, la presión fiscal y la reducción de su ámbito jurisdiccional.

En las últimas décadas del siglo XVIII hay un inicio de recuperación económica, siendo la producción agrícola de trigo, cebada, vino, aceite, hortalizas y fruta la más importante, seguida de la industria de paños y bayetas junto con la alfarera. Contaba también con montes de encinares, alcornoques, pinos y chaparros con caza menor y mayor y seis salinas en sus inmediaciones. En el comercio ocupa un lugar destacado el del azafrán.

Posteriormente, con la Guerra de la Independencia, en la que los franceses permanecen en la ciudad entre 1810 y 1812, se ocasionan grandes perjuicios económicos, no volviendo a recuperarse hasta finales del siglo XIX. Es entonces cuando se experimenta un pequeño resurgir con la mejora en ciertos avances técnicos, que llegan con retraso a la ciudad, que no obstante sigue siendo un medio rural apenas afectado por la revolución industrial. En el aspecto social la aparición de los casinos, como centros de tertulia en los que tienen cabida distintas tendencias, supone una apertura ideológica propia de esta centuria.
Cultura
Referente provincial de la cultura, Úbeda cuenta con una extensa y variada programación de actos culturales que se desarrollan a lo largo de todo el año. El Centro Cultural “Hospital de Santiago” es el que alberga la mayor parte de ellos, aunque también templos, palacios, calles y plazas sirven de escenarios para todos. Destacaríamos, entre todos ellos, por su calidad y prestigio, los siguientes eventos:

Enero a Marzo, Jornadas Gastronómicas “En el Renacimiento”: de periodicidad anual, distintos restaurantes de la ciudad preparan menús basados en la comida del Renacimiento y la gastronomía local.

Primavera, Muestra de teatro de primavera: cuenta con obras teatrales variadas llevadas a cabo por las principales compañías de España.
Mayo a Junio, Festival internacional de música y danza “Ciudad de Úbeda”: por su calidad y variedad, es uno de los festivales más prestigiosos de Andalucía basados en una programación de conciertos todos los fines de semana y, además, a lo largo de todas las semanas en que tiene lugar, se desarrollan múltiples actividades.

Julio, Festival Internacional de Música de Cine “Ciudad de Úbeda”: Trata de cubrir un espectro de público muy amplio y heterogéneo. Por un lado, un grupo destacado de asistentes lo conforma el colectivo formado por aficionados a la música escrita para el medio audiovisual. Otro colectivo en aumento es el de los músicos profesionales quienes, gracias al lanzamiento del concurso de música de cine para jóvenes compositores de música de cine y para el audiovisual, están recibiendo un importantísimo impulso en su carrera. Ganar una fuerte implantación entre la población local, complementando el catálogo de actividades culturales estivales con una serie de propuestas asequibles y atractivas como, por ejemplo, la celebración de pasacalles gratuitos y recitales en torno a la música de cine al cargo tanto de la banda municipal como de otras formaciones musicales andaluzas.

Septiembre, Feria de la tapa: en el centro histórico se celebra anualmente una fiesta gastronómica en la que bares y restaurantes locales compiten en la elaboración de tapas basadas en la gastronomía local.

Septiembre a Octubre, Muestra de Teatro de Otoño: representación de las obras de mayor calidad del panorama nacional en los distintos estilos. Coincide con la Feria y Fiestas de San Miguel.

Noviembre a Diciembre, Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza: único de estas características en Andalucía. Pretende contribuir a la recuperación del patrimonio musical andaluz, además de su difusión. Celebración de conciertos en los monumentos históricos de ambas ciudades.

Fiestas y Costumbres.
A lo largo del año se celebran en Úbeda múltiples festividades que son el exponente de la tradición y el folklore de nuestra ciudad. Las más significativas son las siguientes:

Marzo-abril: Semana Santa
Los desfiles procesionales de las cofradías, algunas de las cuales se remontan a los siglos XVI y XVII, con tallas de los mejores imagineros del siglo XX acompañadas de multitud de hermanos cofrades, hacen de la ciudad un bello escenario de una hermosa representación artística. De entre los momentos más emotivos destacan la salida al amanecer del Viernes Santo de Jesús Nazareno, la rápida subida a hombros por la Cuesta de La Merced de la Virgen de la Soledad y la Procesión General, una impresionante representación cronológica de la Pasión en la que participan veinte tronos y cerca de 3.000 penitentes. La Semana Santa de Úbeda fue declarada de “Interés Turístico Nacional” en 1980.

1 de mayo: Romería de la Virgen de Guadalupe
Patrona de la ciudad que mueve a caballistas, carrozas y romeros hasta la ermita del Gavellar para su traslado a Úbeda.

Junio: Festividad del Corpus
La población se vuelca en el adorno de las fachadas y las calles por donde se custodia, con altares y toldos.

3 de julio aprox.: Fiestas del Renacimiento
Durante una semana la ciudad se transforma para recuperar su historia. Se engalana para ser el escenario de una serie de actividades que te harán revivir el esplendor de la Úbeda del siglo XVI: teatro y danza, exposiciones y conferencias, conciertos y cenas de época.

28 de septiembre al 3 de octubre: Feria de San Miguel
Según la tradición arranca desde el 29 de septiembre de 1233, festividad del patrón. Durante la misma se celebran corridas de toros, una prestigiosa temporada de teatro y numerosos conciertos y espectáculos culturales.
Gastronomía
En Úbeda y su comarca la historia y el pasar de los siglos se han dejado sentir hondamente sobre su rica cultura gastronómica. Muchos son los platos que remontan sus orígenes a la época romana, como los del grupo de las farináceas, en cuya elaboración juega un papel fundamental la harina de trigo. Igualmente han dejado influencias culinarias en la cocina popular ubetense las culturas judía, islámica, mudéjar y morisca, con relación a los cultivos de huerta, la utilización de hierbas aromáticas y la repostería. Durante la Edad Media la comarca, frontera entre los reinos cristianos del Norte peninsular y el reino musulmán de Granada, conoció la sabia mezcolanza de dos culturas gastronómicas que aún hoy se dejan sentir y degustar.

Presentar un escaparate de la cocina tradicional de la zona es hablar de una cocina doméstica sana e intuitiva que está íntimamente relacionada con los ciclos estacionales y festivos, así como con las materias primas básicas de la tierra, como son los productos de huerta, los cereales, las legumbres, la caza menor, las aves de corral, el cerdo, el conejo y los vinos locales, pero, sobre todo, con la aceituna y el aceite, los productos rey por excelencia.

El aceite de oliva, heredado de la más remota antigüedad, cocinado o “en crudo”, es la base para cualquier fritura, potaje, ensalada o para tomar directamente con un trozo de pan. Tal es el popular hoyo de pan y aceite, al que se le añade un poco de sal o azúcar. Y también es muy habitual la aceituna de mesa, bien de verdeo, negra o la variedad de cornezuelo, preparadas machacadas, rajadas o enteras, con agua del pozo, sal gorda, laurel, ajo y tomillo, y que se conservan en orzas de barro para su consumo durante todo el año.
Artesanía
La ciudad de Úbeda cuenta con una de las mayores y más variadas concentraciones de talleres artesanales a nivel andaluz. Su situación fronteriza y su permeabilidad cultural han generado una rica artesanía tradicional, todavía hoy presente, donde se han imbricado influjos árabes, mudéjares y renacentistas. La mayor parte de los talleres son de carácter familiar, y la comercialización se realiza en éstos, de forma directa, y en algunos establecimientos de la ciudad. En general, los procesos productivos responden a sistemas puramente tradicionales y, en menor medida, semiindustriales.

Úbeda ha sido históricamente el principal núcleo de producción cerámica y alfarera de la provincia de Jaén. En la actualidad continúan en funcionamiento varias alfarerías, casi todas en la calle Valencia, en el barrio de San Millán, lugar donde desde época medieval han estado instalados los obradores, y donde hasta mediados del siglo XX trabajaban más de cien alfareros.

El origen mudéjar de la alfarería ubetense se ha mantenido con extremada pureza, como lo evidencia el empleo de las mismas técnicas de elaboración, la cocción de las piezas en hornos árabes de leña, y todo un amplio repertorio de piezas de carácter popular, destinadas al uso doméstico, entre las que sobresalen las relacionadas con el uso del aceite y la conserva de alimentos. Destaca la producción vidriada en color verde o marrón, decorada a base de calados, incisiones y “bordados” o filigranas realizadas con barro blanco. Una de las piezas más representativas es la alcuza o aceitera, a la que se suman orzas, lebrillos, platos, jarras, botijas…, así como nuevas creaciones, incorporadas por algunos artesanos. Los alfares constituyen, también, un magnífico testimonio de edificación vinculada a la producción artesana tradicional, al haber conservado la gran mayoría las tipologías y elementos originales.

La artesanía del esparto se remonta en Úbeda al siglo XI, cuando durante época musulmana adquirieron gran renombre las alfombras denominadas ubedíes.. Hoy se confeccionan alfombras, tapices y esteras, así como todo un repertorio de piezas de cestería para uso doméstico, tradicionalmente vinculadas a la producción agrícola: canastos, capachos, aguaderas, espuertas, barjas para llevar la comida al campo o soplillos. También se practica el tratamiento tradicional de otras fibras vegetales como la pita para la confección de elementos decorativos.

La forja artística se mantiene vigente desde el siglo XVI, conservándose todas las técnicas propias de la fragua y los modelos que, sobre todo en rejería, tuvieron un amplio desarrollo durante el Renacimiento. Se realiza mobiliario doméstico y urbano -farolas y bancos-, así como barandas para balcones y ventanas, cerrajería artística y objetos para decoración. También se continúan elaborando en latón u hojalata faroles artísticos, alcuzas, candiles y medidas.

La artesanía de la madera centra su producción en la elaboración de mobiliario y cerramiento de exteriores. Dentro de la ebanistería predomina la producción del mueble clásico español de influencia renacentista, a menudo con una aplicación muy desarrollada de la talla -arcas, armarios, bargueños, jamugas-, y del mueble tradicional popular -alacenas, mesas tocineras-. Las maderas más utilizadas son las de pino y nogal, y cada vez más la madera de olivo, materia prima por excelencia. En menor medida también se trabaja en la especialidad de imaginería según las técnicas tradicionales, aplicadas a la talla y a la restauración, y eventualmente se realizan tronos para los pasos procesionales de Semana Santa.
El trabajo de la cantería, que cuenta con una enorme tradición histórica en la ciudad, ha experimentado un resurgir en las últimas décadas de la mano de las iniciativas relacionadas con la restauración y rehabilitación de edificios históricos. En la actualidad se labra, habitualmente por encargo, y en piedra caliza, todo tipo de piezas para decoración: fuentes, soportes, chimeneas, blasones…

En cuanto a la talabartería o artesanía del cuero, todavía se continúan elaborando algunos trabajos de guarnicionería tradicional relacionados con la caza, como morrales y fundas para escopeta, así como nuevos diseños de bolsos y carteras.

Además de estos oficios, tradicionales por excelencia, existen otra serie de talleres en los que se realizan productos artesanales de más reciente incorporación, como vidrieras -elaboradas mediante la técnica tradicional del coloreado del vidrio con esmaltes y la unión de las distintas piezas con perfiles de plomo- u objetos en cartón fallero.
Fuente: Ayuntamiento de Úbeda.

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