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La historia de nuestro país tiene episodios de lo más truculentos y hoy nos vamos a adentrar en uno de ellos que tiene una “relación parental” con nuestra ciudad (Beltrán de la Cueva – La Beltraneja)

Beltrán de la Cueva

Beltrán de la Cueva Imagen: Muy Historia.

Juana de Castilla, hija única y heredera del rey Enrique IV, es considerada por sus detractores, una hija bastarda del rey, acusado de ser impotente ya que no consumó su primer matrimonio con la Infanta Blanca de Navarra y de sus segundas nupcias con la reina Juana de Portugal, sólo tuvo esta hija, Doña Juana, apodada “La Beltraneja”. ¿Cuál es el origen de este apodo?

Beltrán de la Cueva, ubetense de nacimiento es uno de los hombres más importantes de su tiempo: noble, político, militar castellano que llegó a ser valido de Enrique IV. Según se comentaba antaño, De la Cueva, al tener tanta afinidad y confianza con el rey Enrique IV,  pudo ser él el que dejara encinta a la reina ante la imposibilidad de Enrique, siendo Beltrán el verdadero padre de Juana de Castilla, de ahí el apodo “La Beltraneja”, impuesto por los detractores de la heredera al trono que la veían como una hija bastarda.

Beltrán de la Cueva no sólo supo ganarse la confianza del rey Enrique al que agasajó mediante un fastuoso ágape en tierras ubetenses; también se ganó el cariño de la reina, tras defender de forma velada su belleza en un “paso de armas” que realizó en el Pardo en 1455. Es por ello que surgieron de la nada bastiones de detractores a su figura, movidos por la pura envidia ante los favores reales de los que gozaba el ubetense, que trataban de encausarle por incesto real para sacarlo de la carrera palaciega.

En las conjuras urdidas por los bandos rivales, destacar “la farsa de Ávila”, en la que el hermano de Enrique IV, Alfonso, fue coronado como Alfonso XII, lo que llevó a Enrique a negociar con los sublevados…pero ante la repentina muerte de Alfonso, los focos se posaron sobre su hermana, Isabel, nombrada heredera del trono y futura Reina de Castilla en el Tratado de los Toros de Guisando, a costa de proclamar la ilegitimidad de Juana de Castilla “La Beltraneja”.

Muerto Enrique, estalla la Guerra Civil, entre los partidarios de Isabel (casada con el heredero a la Corona de Aragón, Fernando) y Juana (casada con Alfonso V, Rey de Portugal), inclinándose finalmente la balanza ante el tándem Isabel-Fernando, futuros Reyes Católicos.

Como dice Aurelio Valladares en su artículo para la revista Ibiut: “¿Qué hubiera ocurrido en España de no haber existido Beltrán de la Cueva? Si la infanta Juana no hubiera sido tenida por “Beltraneja”, ¿habría llegado a ser reina Isabel? El matrimonio de Isabel y Fernando llevó a la unión de Castilla y Aragón, quedando a un lado Portugal. De haber sido reina, Juana de Castilla (que era lo más normal) casada con el rey de Portugal, ¿la España de hoy no sería Castilla y Portugal, con posible capital en Lisboa?¿Habría resultado aislado el territorio perteneciente a la corona de Aragón? ¿La conquista de Granada y el descubrimiento de América se hubieran producido?… Estos son algunos de los muchos interrogantes que en este sentido se podrían formular.

Los grandes acontecimientos de la historia han dependido de una serie de causas menores que los hicieron posibles. En el asunto que nos ocupa el ubetense Beltrán de la Cueva resulta ser una pieza fundamental: contribuyó —quizá sin él quererlo— a que la historia de España haya sido lo que fue y no lo que pudo haber sido.

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