Sin duda, Francisco de los Cobos fue una figura crucial para la grandeza patrimonial que aún seguimos disfrutando en Úbeda, pues a él debemos la gran joya de nuestra ciudad: La Sacra Capilla del Salvador del Mundo.

Pero en el lado opuesto de la Plaza, se sitúa el palacio Vázquez de Molina, el cual da nombre a una de las plazas más bonitas del mundo; considerada así por muchos, e incluso por la UNESCO: la Plaza Juan Vázquez de Molina.

Juan Vázquez de Molina

Hoy, queremos ahondar en la figura de su Artífice, Juan Vázquez de Molina. Si quieres conocer a ese ilustre ubetense ¡sigue leyendo!

Juan Vázquez de Molina era hijo de un primo de Don Francisco de los Cobos, en 1523 comienza a trabajar como ayudante de su «tío», quien lo educó y cuidó como si fuese su hijo, guiándolo por los sinuosos caminos del poder en los que Francisco estaba ya inmerso, preparándolo para que fuese regidor de la Ciudad.

Éste, se casa en primeras nupcias con doña Antonia del Águila, hija del alcaide de Ciudad Rodrigo, pero conseguirá en un futuro la nulidad del matrimonio por la falta de descendencia, casándose de nuevo con doña Luisa Carrillo y Mendoza, hija del Conde de Priego… nupcias que tampoco consiguieron perpetuar su linaje.

Francisco de los Cobos ve en él gran lealtad y decide premiar su ayuda y eficacia procurando para él el acceso a la Orden de Santiago y de Peñaranda, ocupando la secretaría del Consejo de Guerra. Y, como si de su espejo se tratase, el afán de poder y de acumular cargos se apodera de Juan Vázquez, llegando a ser Alférez Mayor de Úbeda y Consejero de Estado de Carlos V a la muerte de su mentor, ocupando así su vacante como primer secretario del César, y seguirá también bajo las órdenes de su hijo Felipe II.

Desde luego la historia le fue realmente favorable para poder emprender, a principios de los 50, la construcción palaciega más fastuosa de la ciudad: el Palacio Vázquez de Molina, del que os hablaremos en profundidad próximamente.

“La familia es lo primero”, es el mantra que reinaba entre el linaje Cobos, por tanto, en 1561 aquejado de problemas de salud, Juan Vázquez dará un paso atrás y dejará la secretaría en manos de su sobrino Juan Vázquez de Salazar como tiempo antes hiciese su “tio” Francisco. Fallece en 1570 legando a nuestra ciudad un imponente Palacio que es considerado por los Historiadores del Arte como uno de los mejores palacios renacentistas de España

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