La Sinagoga del Agua, en Úbeda, ha estado sepultada durante cientos de años bajo toneladas de cascajo, emparedada tras gruesos muros de piedra y arena, y también disimulada entre los alicatados y las falsas paredes de las numerosas obras, particiones y reparaciones que ha sufrido el solar y el inmueble desde el siglo X. Se habrá perdido mucho, sin lugar a dudas, pero también hemos tenido la inmensa suerte de recuperar al menos 7 estancias, que son todo un lujo para los amantes de la cultura y el patrimonio, y que iremos desgranando una por una.

(La Sala de los Testigos, también conocida como Casa del Inquisidor, reúne varias piezas de época)

Al interior de la Sinagoga del Agua se accede desde la sala de Recepción de Visitantes. La primera estancia del recinto, la Casa del Inquisidor, se halla rebajada varios peldaños. Es una pequeña bajada de 7 escalones, pero ya parece indicar que te estás adentrando en otra dimensión. Está decorada con mobiliario y enseres que datan del siglo XV en adelante:bargueños, escritorio, plumas y tinteros, pergaminos, cuadros y crucifijos. Pretende, con ello, recrear el domicilio del inquisidor de Úbeda, que ocupó el inmueble después de expulsar a los judíos de la ciudad.

(foto detalle de la casa del inquisidor)

Nada más conquistar Granada, los Reyes Católicos promulgan un edicto por el que destierran a los judíos de todos sus reinos. Los que deciden quedarse son bautizados, y pasan a engrosar la lista de conversos: el objetivo favorito de la Inquisición. Durante el siglo XVI las denuncias y las persecuciones de los judeoconversos es feroz, una nefasta situación que se prolonga, con más o menos altibajos, hasta el siglo XVIII. En la sala conocida como casa del inquisidor, se abre un ancho arco apuntado que da acceso a la siguiente estancia de la Sinagoga del Agua: la Sala de las Tres Culturas, que os contaremos en el siguiente post.

(foto sala de las tres culturas)