En un recodo de la calle Cervantes, a espaldas de la Iglesia de San Pablo, encontramos el Museo Arqueológico de Úbeda, uno de los 27 espacios museísticos pertenecientes a la Junta de Andalucía, codeándose con grandes como el Conjunto Monumental de la Alhambra y el Generalife o el recientemente inaugurado Museo Íbero de Jaén.

¿Conoces este espacio museístico de nuestra ciudad? A continuación, te damos todos los detalles.

Ya en 1936 se intentó crear un Museo local por parte del escultor Julián Ortiz Ramírez en el Palacio del Marqués de la Rambla, del que os hablamos en un post anterior, con diversas imágenes y objetos de valor pero con el estallido de la Guerra Civil se esfuma esta iniciativa. Tendremos que esperar hasta la década de los 70 del siglo XX cuando el Museo Provincial de Jaén impulsa la creación de varios Museos en la provincia, entre ellos el de Úbeda.

El denominado “Museo de Úbeda” se inaugura en 1973 en la Casa Mudéjar, con la mayoría de sus fondos provenientes del Museo Provincial de Jaén y de la colección de un particular, Rafael Vañó Silvestre, primer director del Museo quien intentó ampliarlo en varias ocasiones, sin éxito. Finalmente pasará a denominarse como “Museo Arqueológico” por el eminente carácter de las piezas que en él se exponen.

Desde su creación no ha sufrido grandes cambios dado a las limitaciones que el espacio expositivo tiene, pero en 2003 se renovó el discurso museográfico con el fin de hacerlo más atractivo y didáctico para el visitante.

La Casa Mudéjar, lugar donde se sitúa nuestro Museo Arqueológico, fue descubierta en los años 60 por la familia Moreno Bello, quienes la ceden para tal finalidad. Sin duda se trata de un bello ejemplo de arquitectura doméstica mudéjar, datada entre los siglos XIII y XV, que se configura en torno a un patio central, cuatro galerías en doble altura dan paso a las diferentes estancias que la articula.

El acceso a ella se encuentra marcado por un magnífico porche en el que encontramos en uno de sus laterales un pórtico de cuatro arcos túmidos sustentados en columnas ochavadas, coronadas con capiteles decorados con motivos vegetales que nos recuerdan a la decoración de ataurique. Es curioso ver aún en las dovelas y sillares que conforman esta arquería las marcas de los canteros. En un segundo nivel encontramos una solana formada por pilares simples con el fin de pasar desapercibida ante la (ya descrita) bella parte baja.

Entre sus fondos encontramos piezas prehistóricas encontradas tanto en nuestra ciudad como en otros puntos de la provincia, siendo más numerosas las piezas de la cultura argárica de la Edad del Bronce.

También hay sitio para la cultura íbera y las colonizaciones, en las que destacan piezas relativas al mundo de la agricultura; para la cultura hispanorromana que nos ha legado restos eminentemente funerarios con varias estelas funerarias; para la época visigoda son escasas pero muy interesantes al ser encontradas en las obras de rehabilitación de la Casa Mudéjar; para las tres culturas durante la época medieval y por supuesto para la Edad Moderna, con vestigios cerámicos del período de máximo esplendor de nuestra ciudad.

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