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Al comenzar el año muchos son los que buscan en rojo dos días consecutivos o en el mes de Marzo o en Abril…buscan la Semana Santa. Estudiantes y profesores que ven como varían sus programaciones año tras año al marcar esta semana de descanso el fin del segundo trimestre y comienzo del tercero.

Por qué cambia cada año de fecha la Semana Santa

Imagen: protocolo.org

Los feligreses también buscan estas fechas para planificar toda la parafernalia que rodea a dicha celebración comunitaria y pública de la penitencia cristiana: Cuándo llevar la túnica a la tintorería, cuándo planificar los ensayos de los costaleros, bandas de música que acompañan a los cortejos…

Pero también son muchos los que aprovechan ese “parón” de 4 días (para los que sí trabajan de lunes a miércoles santo) para hacer una escapada antes de las verdaderas vacaciones veraniegas y así oxigenar una rutina frenética non-stop desde el inicio del nuevo año.

He aquí la cuestión ¿por qué varía de un año para otro la celebración de esta semana en la que se recuerda la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús?

Esta celebración religiosa, como otras, no depende del calendario, sino de las fases lunares.

Por qué cambia cada año de fecha la Semana Santa

Imagen: protocolo.org

La clave de la fecha está en las fases lunares, ya que el domingo de Pascua se celebra por regla el domingo siguiente a la primera luna llena que sigue al equinoccio de la primavera en el hemisferio norte.

Aunque las celebraciones serán siempre en primavera, la del domingo de Pascua puede diferir mucho, concretamente más de un mes, aunque nunca será antes del 22 de marzo ni después del 25 de abril. Así, además, los días de la Semana Santa pueden oscilar entre el horario de invierno y el de verano, que comienza la madrugada del último sábado de marzo. Ambas circunstancias resultan clave para elegir destino si decidimos irnos fuera en esos días.

Hasta aquí la regla simple, aunque la cosa puede ser aún más complicada. Esta forma de establecer la festividad generaba confusiones. El hecho de que el equinoccio de la primavera no tenga una fecha fija, de que el plenilunio varíe en función de la ubicación geográfica y la voluntad de no hacer coincidir la Pascua cristiana con la Pascua judía obligó a la Iglesia a determinar un plenilunio ficticio definido por unas tablas numéricas.

Según esta norma, la luna llena eclesiástica ocurre el decimocuarto día después de una luna nueva eclesiástica de las tablas de la Iglesia y fija el equinoccio de primavera el día 21 de marzo.

Estas diferencias entre los criterios astronómico y religioso pueden hacer que la luna astronómica no coincida con la eclesiástica y sirven para establecer que cuando el primer plenilunio eclesiástico después de la primavera cae en domingo, la Pascua se celebra el domingo siguiente, para evitar coincidir con la festividad judía. En todo caso, a este criterio solo se recurre en ocasiones muy contadas, ya que lo más normal es que baste con la norma explicada antes para calcular las fechas.

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